Una curva llamada Omar Sivori

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No se consigue la felicidad sin antes sacrificio, no existe la gloria sin atravesar el dolor. Los aficionados de River Plate lo aprendieron en los años cincuenta. En esa década, una afición feliz gracias a las victorias de los suyos sufrió un cambio clave en la historia del club. Si querían algo, tendrían que sacrificar lo más importante. No era un pacto con el diablo o algo por el estilo, simplemente sólo había opción a una mejora. Para ampliar el Estadio Monumental o, mejor dicho, para completarlo siguiendo el diseño original, se vieron obligados a ceder a su campeón más famoso: Omar Sivori.

Con el dinero ganado en la transferencia del jugador se podrían terminar al fin las obras iniciadas veinte años atrás. No fue nada fácil asumir la idea de que el futuro dependiese de una decisión tan radical. Cualquier elección tomada habría sido protestada, habría suscitado polémica e incluso peleas.

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En el centro de esta historia está el Estadio Monumental de Buenos Aires, que viene planificado en 1934 por el joven Antonio Vespucio Liberti. El presidente de la entidad gastó 570 mil pesos por 84 metros cuadrados de terreno a dos pasos del Río de la Plata, entre el barrio Nuñez y el de Belgrano. El proyecto inicial era levantar un recinto con cuatro tribunas, pero a mitad del trabajo se dieron cuenta que no había suficientes fondos. Sin dinero, sólo se pudieron realizar tres gradas dejando un hueco vacío.

De esta manera, el campo con forma de herradura fue inaugurado el 25 de mayo de 1938. Esa sería la casa de la famosa Máquina de River Plate de los años cuarenta, primero entrenada por Renato Cesarini y después por José Minella. Aquella escuadra la formaban Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau en ataque y llamaba la atención a todo el mundo. Jugaban un fútbol tan bonito que hasta un uruguayo, periodista de Borocotò, debió admitir que nunca vio nada igual.

La máquina de River

La máquina de River

A pesar de ganar contra casi todos sus rivales con un juego exquisito, a aquel equipo todavía le faltaba algo: Jugar en un estadio sin una curva era extraño. Se necesitaba completar la obra. Tras una reunión entre los dirigentes se llegó a la conclusión de que para poder finalizar el Monumental, era necesario obtener dinero de la venta de un futbolista importante.

En los años cincuenta, el mejor jugador de River era un chaval que Cesarini había rescatado directamente de un barrio de la capital. Se llamaba Omar Sivori y era un fenómeno. Hay quién dice que era ‘duro’ con sus rivales pero siempre genial. Su preparador ya avisó a la Juventus de su potencial, alertando a la familia Agnelli que si lo quieren tendrían que pagar mucho por él. Al frente de la ‘Signora’ en aquellos años estaba Umberto Agnelli que no dudó en pagar 10 millones pesos por el delantero de 21 años. Una cifra récord por un chaval para la época. Con Sivori, el ataque de la Juve se volvió letal junto a John Charles y Giampiero Boniperti. Un ‘Trío Mágico’ que conquistó el Scudetto después de 6 años.

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Aquellos 10 millones de pesos fueron inmediatamente invertidos en completar el Monumental. Las obras duraron pocos meses y la forma de herradura desapareció. Por fin la casa de ‘La Banda’ quedó completada, tal y cómo lo había imaginado Liberti. Pero la felicidad no fue plena: mientras Sivori conquistaba la gloria al otro lado del charco vestido de ‘bianconero’, los resultados de la nueva etapa no llegaban. De hecho, comenzaron una serie de años difíciles. La pérdida del ‘crack’ dividió a una afición que entre 1957, último año con Sivori, hasta 1975 sólo conquistó un título.

Está decisión ha perseguido a River en su historia, con el transcurso del tiempo muchos se han preguntado: ¿Valió la pena vender al mejor jugador del equipo para poder completar el estadio? El fondo abierto no era tan feo e incluso algunos seguidores le habían cogido cariño a aquella forma, era algo así cómo una marca diferencial, una seña de identidad. En la vida hay que hacer elecciones y asumir la responsabilidad, aunque a veces conlleven un peso insoportable. Al ‘cabezón’ le quedará que gracias a su venta, su equipo en Argentina pudo tener un estadio completo.

Fuente: Gazzetta dello sport

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